EL CASO DEL ACCESO A ANAMUYA: CUANDO EL DRENAJE VIAL SE CONVIERTE EN BARRERA
EL CASO DEL ACCESO A ANAMUYA: CUANDO EL DRENAJE VIAL SE CONVIERTE EN BARRERA.
Las infraestructuras viales no son simples franjas de asfalto por donde circulan vehículos; son espacios públicos que conectan personas, comunidades e instituciones. Cuando se diseñan sin una visión integral, pueden terminar cumpliendo adecuadamente una función técnica, pero fallando gravemente en su función social.
Ese es el caso del acceso principal a la comunidad de Anamuya: una vía de aproximadamente seis metros de ancho, con acceso en dirección sur–norte, que funciona en doble vía, y que se encuentra bordeada por cunetas abiertas y rígidas, ubicadas justo en la línea limítrofe de la calzada. Esta configuración carece de bermas de seguridad, de aceras continuas y de cualquier margen de recuperación para peatones o motociclistas.
Lo preocupante no es únicamente la presencia de cunetas abiertas —una solución válida en contextos estrictamente rurales—, sino su aplicación en un entorno que ya posee una clara vocación urbana. A lo largo de este tramo, de aproximadamente 820 metros, se desarrollan proyectos institucionales de alto impacto, como el nuevo modelo de cárcel preventiva de Higüey. Además, en esta misma vía se localiza el único destacamento policial de la zona y la comunidad habitacional Vida Católica, una pequeña urbanización de viviendas sociales promovida por la Iglesia, con una extensión aproximada de 41 tareas urbanizadas.
Paradójicamente, aunque la distancia entre estas comunidades es corta —unos 205 metros aproximadamente—, hoy resulta prácticamente imposible desplazarse a pie entre ellas. Tampoco es posible caminar desde la comunidad Vida Católica hasta el destacamento policial, ubicado a apenas 60 metros; ni hacerlo en sentido norte–sur, desde la comunidad de Anamuya hasta dicho destacamento, a una distancia aproximada de 90 metros.
“Más aún, se pierde la oportunidad de conectar peatonalmente todo el tramo de acceso con la carretera Higüey–La Otra Banda, lo que permitiría a los ciudadanos caminar con seguridad sin necesidad de utilizar transporte motorizado. Esto cobra especial relevancia si se toma en cuenta que una gran parte de los moradores de Anamuya labora en el sector turismo, y que el transporte hotelero con destino a la zona Bávaro–Punta Cana transita por esta vía, con paradas establecidas justo frente a la intersección perpendicular que conecta con estas comunidades”.
Las aceras existentes fueron interrumpidas para dar paso a las cunetas abiertas, obligando a peatones, envejecientes y personas con movilidad reducida a caminar por la calzada o a depender de rampas forzadas que no responden a criterios de accesibilidad universal.
Desde el punto de vista de la seguridad vial, la situación es aún más delicada. En curvas pronunciadas, sin bermas ni zonas de recuperación lateral, cualquier desviación mínima de una motocicleta o de un vehículo implica una caída directa en una cuneta rígida, convirtiendo un error humano común en un accidente grave y perfectamente evitable.
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Situación actual del acceso a Anamuya.
Cuneta abierta rígida ubicada en el borde del ancho útil de la calzada, sin berma ni franja de recuperación, lo que representa un riesgo para peatones y motociclistas, especialmente en curvas pronunciadas.
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