Consideración de accesibilidad y flujo vehicular de la Vía Sacra en Salvaleón de Higüey. Funcionalidad urbana y logística.




Como arquitecto y estudioso de la ciudad, me preocupa profundamente la manera en que estamos entendiendo y gestionando la Vía Sacra (Calle Agustín Guerrero), un eje que no es solo vial, sino simbólico, procesional y de identidad urbana.

Este corredor conecta la Basílica Nuestra Señora de La Altagracia con la Iglesia San Dionisio y el Parque Central, por lo que su orientación no puede abordarse como un tema técnico aislado. Definir su circulación en sentido único Oeste → Este (desde la Basílica hacia el Parque Central, contrario al plan que se está implementando) tiene un peso determinante: significa otorgarle coherencia al ingreso principal de la ciudad, que se hace por la prolongación de la avenida José Audilio Santana, y que refuerza a la Basílica como punto de origen urbano y no como destino terminal.


Como arquitecto, lo expreso con una analogía sencilla: “a nadie se le invita a entrar a una casa por la puerta trasera”. La Basílica es la puerta principal de Higüey, y la ciudad debe organizarse para recibir desde ahí a quienes la visitan.




La orientación que propongo eliminaría la amenaza que hoy representa la intersección de Laguna Llana con la Vía Sacra, actualmente sobrecargada por giros conflictivos y regulada por tres semáforos. Esta solución no solo liberaría de un ciclo complejo que entorpece la movilidad, sino que devolvería orden y dignidad al entorno inmediato de nuestro principal ícono religioso y cultural, justo frente a la puerta de la Basílica.



Con los círculos amarillos, seńalo los semáforos que quedarían en desuso.


La respuesta es simple y urbanísticamente correcta: eliminar el giro a la izquierda desde Laguna Llana (Norte→Sur) hacia la Vía Sacra. Con esta medida, la avenida funcionaría en flujo libre Norte↔Sur, mientras que el acceso a la Vía Sacra se realizaría únicamente mediante giro derecho. Los resultados serían inmediatos:


No se requieren tres semáforos ni ciclos complejos.

Mayor legibilidad y orden visual frente a la Basílica.

Reducción del riesgo vial, eliminando el movimiento más conflictivo.

Refuerzo de la Vía Sacra como eje procesional y simbólico.


Esquema de flujo de movilidad propuesto.


Por estas razones, recomiendo que el Ayuntamiento Municipal de Higüey y el INTRANT asuman esta visión en sus planes de movilidad. No se trata solo de tráfico: se trata de reconocer que la Vía Sacra es un corredor ceremonial y urbano fundamental, que merece ser tratado con la dignidad que corresponde a su valor conceptual y a su potencial en materia de turismo religioso.





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